Entre Cage y Boulez, está la indigencia de Detroit…

Lo confieso, y tal vez haga mal: prefiero las lágrimas de las máquinas y los crujidos del alma del techno de Detroit (nacidos entre la indigencia y la indiferencia del público a finales de la década de 1980), que los oropeles y las brillantes lentejuelas populares, sonoras y falsas del disco que triunfa diez años antes. En otro ámbito más polémico, asumo la anarquía de John Cage contra la ciencia de Pierre Boulez. El primero no se consideraba a sí mismo un maestro, pero transmitió sus virus de azar a los artistas que me gustan y frecuentan este libro —de Brian Eno a Holger Czukay—, en tanto el segundo, enseñando a talentudos músi- cos, se ha convertido en el heraldo del Arte «verdadero», no transmitiendo su saber más que a estudiantes o a artistas canónicos. Hijo de Dadá y alumno de Schönberg, Cage es un marino: destapó las escotillas de la creación, aun a riesgo de contribuir al ahogamiento del arte y de sus intérpretes en el océano de lo cotidiano. Mientras que Boulez, gran maestre del serialismo integral, encerró los cantos de lo posible en la suavidad de una música contemporánea que se ha transformado a veces en una secta de selectos ascéticos.”

Techno Rebelde de Ariel Kyrou

(foto: Eugenia Rojas-Puente)

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